Descripción
¿Tiene algún sentido clavar los puntales de la crítica acerca del proceso independentista después de cuanto se ha especulado a su respecto
en el curso de los últimos dos siglos? ¿Acaso hay algo que valga la pena revisitar? Si hemos de creerle a Pierre Geyl —ese notable investigador
de los Países Bajos— “la historia es un argumento sin final” que admite, pues, repasarla una y otra vez sin temor a recorrer caminos trillados.
Como tantos otros temas sujetos a discusión, lo que aconteció en la América española entre 1808 y 1825 siempre quedará abierto a nuevos
abordajes.
Se hace necesario poner en entredicho una serie de nociones repetidas hasta el hartazgo y convertidas en verdades canónicas. Por de
pronto, esa según la cual las revoluciones ultramarinas llevaban en su vientre la formación de los futuros Estados nacionales. De la crisis
imperial no necesariamente debía seguirse el nacimiento de nuestros países. Suponer que el imperio español carecía de vitalidad frente al
empuje arrollador de unas fuerzas más robustas, destinadas a modelar naciones soberanas casi de la nada, es harto discutible. De hecho, entre
1810 y 1814 hubo intentos de replantear la conexión de la metrópoli con el universo hispanoamericano sobre nuevas bases que, contra la versión nacionalista del problema, suponían la lealtad a la corona. En ese contexto primó, inicialmente al menos, la idea de recomponer —autonomía— y no de cortar de cuajo —independencia— los lazos con España.
Este ensayo abriga tan solo una intención: dejar expuestos —a modo de andamios— algunos de los problemas, disyuntivas, dificultades e
incertidumbres que hicieron presa de la dirigencia rioplatense en el marco de un camino en cuyo inicio el reclamo independentista, y el de la
forja de una nueva nación, resultaron difusos. Se trata de una interpretación, de las muchas que podrían hacerse, acerca de una ruptura tan
rica en consecuencias como compleja en su desenvolvimiento, en razón de que los hechos insurreccionales generados en Hispanoamérica, a
partir de 1808, no corrieron detrás de un destino manifiesto.




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